Archivos para diciembre, 2013

Una grulla

Publicado: diciembre 1, 2013 8:18 pm en Crónicas

Snapshot_20131201¿Y qué demonios pasó con el blog? En julio anuncié mi regreso a escribir activamente en ‘Así pasa cuando sucede’. Después de un experimento creativo fallido realizado ese mismo mes, llegamos a diciembre y el blog ha quedado olvidado. La culpa la tiene un texto que se ha quedado atorado en la pluma y por más que he intente evadirlo, creo es hora de redactarlo.

Hace ya algunos meses ocurrió una tragedia personal de la que no hablare porque no es el tema de esta entrada y porque sencillamente no me viene en gana. Los hechos de importancia en esta entrada son las réplicas de lo ocurrido, no el sismo en si.

Somos muchos los que nos hemos obsesionado con la idea de volver al pasado, en ocasiones por nostalgia, y en este caso por arrepentimiento. Muchos nos hemos angustiado pensando en los errores que cometimos en tiempos pretéritos y analizamos que tan diferente pudo haber sido nuestra vida de haber escogido más sabiamente o simplemente de haber actuado diferente ante cierto suceso. El hecho es que el pasado no cambia y fantasear sobre lo distintos resultados que pudo tener un suceso de haber sido diferente solo es añorar y la añoranza obsesionada es una pérdida de tiempo, del mismo tipo de las que tendemos a arrepentirnos en el futuro.

Al día siguiente de que ocurrió el sismo, me encontraba a la mitad de la tarde, aun con la ropa rota de la noche anterior puesta y apenas había probado bocado cuando alguien toco a la puerta. Eran algunos de mis más íntimos que sabían de lo ocurrido y no habían podido localizarme. En el momento la visita no me cayó en gracia, pero más tarde habría de agradecerla enormemente. Una pareja dentro del mismo grupo de amigos me regalo esa misma tarde una grulla de papel azul. Quizá ellos no estaban muy seguros del significado que tienen estas grullas para mí, pero bien sabían que algún bien me había de hacer.

La visita verdaderamente no cambio los hechos, pero me ayudo a recordar que había un sinfín de cosas por las que debía superar lo ocurrido y seguir con mi vida normal. La tragedia ocurrió y no había nada que pudiera hacer por deshacerla, pero tengo un Dios que nunca se olvidó de mí, una familia amorosa y los amigos más leales que pude pedir, presentes o no. Nada hecho en el futuro podía evitar el temblor pasado y por las réplicas descubrí que no existía nada más atemorizante que descubrir que los fantasmas a los que le temía de niño habían vuelto en mi adultez, tendrían nombre y apellido, volverían a habitar debajo de la cama, me confinarían a dormir en una silla por días y me despertarían a gritos en la noche, pero descubrí que a pesar de todo lo que se me había quitado o negado, era nada comparado a lo que se me había otorgado. Tengo un fantasma, pero tengo una grulla.

Bienvenidos de vuelta a ‘Así pasa cuando sucede’.