Gwen (Au revoir, Madrid)

Publicado: noviembre 20, 2015 8:48 pm en Uncategorized

«No sé que vaya a hacer Khrushchev, tampoco que vaya a pasar, pero sea lo que sea, quiero que sepa que estoy con ustedes hasta el fin»

-Presidente de Francia, Charles de Gaulle a presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, a vísperas de la posible guerra nuclear de 1960

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Verano de 2011. Llevaba sólo unas horas en Madrid, aún tratando de adaptarme al cambio de horario cuando tomé un tren en Atocha rumbo a París. Estaba nervioso, callado y exhausto, sin saber si hablar con el encargado en español o con mi quebrado inglés mexico-americano, cuando una chica a mediados de sus veintes entro al vagón cargando una maleta del doble de su tamaño en la espalda y dos bolsas de basura llenas de ropa y regalos. Se sentó a mi derecha, junto a la ventana y se quedó callada hasta que el tren partió. Conforme íbamos alejandonos de la ciudad, la escuché susurrar contra la ventana como a una lápida en el cementerio, «Au revoir, Madrid».

Tras varios minutos de silencio, que ya lejos de ser melancólicos erán incómodos, me presenté en inglés. Su nombre era Gwendollyn, pero insistía en que le llamara Gwen, sin excluir la pronunciación de la G. El inglés americano tiene la terrible costumbre de omitir letras perfectamente legibles, sólo porque a algún sureño se le ha ocurrido que esto hace las palabras más pronunciables. El inglés es tan arbitrario con su pronunciación, pareciese que cada pequeño pedazo de tierra quisiera reconstruir el idioma a capricho.

Ella hablaba con su quebrado inglés británico y yo con el mío americano, no pasó mucho tiempo antes de que un grupo de estudiantes en el mismo vagón nos dijera «oigan, ¿ustedes hablan español?». En un vagón con siete pasajeros, nos encontrabamos siete mexicanos y una francesa.

Con impecable gramática y un acento francés estereotípico, como de personaje extranjero en una película mal doblada al español, Gwen nos habló de París cómo Cortázar en Rayuela. Habló de Pon des arts, de la inmensidad de Louvre, de lo imponente que es la torre Eiffel y de un sinfin de restaurantes que anotó para mi y mis compañeros con caligrafía ilegible y una mezcla de idiomas que mi hermana define como Franglishñol.

Gwen tenía un prometido esperándola en París y un título de maestría fresco en algo relacionado a la cultura celta de la Universidad de Madrid. Hablamos sobre costumbres y herencia celta, las ignorancia de la moda Wicana y de nuestros planes de viaje. Yo no sabía mucho de lo que haría en mi viaje, sólo me emocionaba la idea de conocer un castillo y decidir a donde viajaría de intercambio en cuanto se me diera la oportunidad.

Llego la noche y cada quién durmió en su asiento reclinado. Desperté muy temprano en la mañana para asomarme en la ventana. Estábamos en la mitad de un campo de girasoles. La imagen es la más imposible que he visto en mi vida. Los girasoles cubrian absolutamente toda la tierra que mi vista me permitía ver, como en un amarillo mar abierto. Me sentía tan emocionado, que desperté a Gwen para que viera. Sin mucha sorpresa, ella dijo «Estamos llegando a París, necesitamos los girasoles porque aquí se hace mucho aceite». Al superar la impresión volví a dormir, pero mi compañera no pudo conciliar de nuevo el sueño. Poco antes de llegar a la estación, Gwen tocó mi hombro y apuntando a la ventana dijo, «Mira, un castillo».

Como ya todos saben, la ciudad de París sufrió un atentado terrorista por parte del Estado islámico conocido como ISIS, atentado que dejara alrededor de 130 muertes y casi dos centenas de heridos. Los hechos son por si solos bastante lamentable como para soportar la poca tolerancia de las masas. ¿Y qué hay de las muertes en Beirut? ¿Y Bélgica? ¿Francia ya cobró venganza asesinando sirios, sabías? Y con esa bandera en tu foto de perfil, ¿Qué bien haces?

La gente no sabe diferenciar entre un Estado en guerra y el asesinato indiscriminado de cíviles. La muerte es lamentable en cualquier lado del mundo, pero las masas no entienden de propósitos. Soy sólo un civil tratando de mostrar algo de simpatía. No busco cambiar el mundo, ni organizo rallies por la paz, ni intento invadir sus hogares con mi propaganda, sólo busco mostrar simpatía. La gente no allegada no asiste a los funerales para revivir a los muertos, asiste por simpatía a las personas de luto. No haré un gran revuelo, pero tampoco permitiré me hagan tragar su pseudoactivismo hipócrita.

Esto es ‘Así pasa cuando sucede’, sus opiniones y sugerencias son bien recibidas, pero particularmente está vez no tengo intención de contestar a comentarios soeces con elocuencia. Los dejo con un fragmento de la version cinematografica del director Tom Hooper de Les Miserabes. ¡Hasta siempre amigos!

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