Autores malditos: Fernando Delgadillo

Publicado: marzo 8, 2016 4:22 pm en Uncategorized

delgadilloEse sábado, pasé a recogerla para ir al concierto de Fernando Delgadillo en un festival de trova local y noté algo extraño en ella. Llegando al evento, se vio forzada a confesarme los primeros tintes de infidelidad que brotaban de una relación cercana al colapso. Esa noche el único que colapsó fui yo. ¿Cómo se suponía que iba a disfrutar el concierto esa noche? Fueron horas en el pasto viendo acto tras acto, fingiendo que nada había pasado a pesar de que la música hacía de mi lo que Beethoven hizo con Alex DeLarge en la escena de tortura de la Naranja Mecánica. Esa fue la noche en que murió la trova.

La música bohemia y la trova me acompañaron desde los 14 años cuando recibí mi primera guitarra y sin motivo ni influencia aparente me enamoré de los requintos veloces, la poesía vocalizada y las líricas misteriosas, con significados complicados que a mis pocos años de adolescencia no podía comprender, pero con la edad se han vuelto más claras. Me esforcé por aprender a tocar ‘Ojalá’, canciones de Sabina y hasta covers como los cantados por Nicho Hinojosa; de estas últimas no lamento tanto su muerte. Una era de 5 años de guitarra y cantera había terminado sin previo aviso esa noche.

‘Entre pairos y derivas’ había perdido su significado y no me motivaba Silvio ni Filio.  Sobrevivieron canciones de Sabina, pero sabemos que el buen Joaquín siempre ha sido un pillo renegado del género; para mí es más un ibero-Dylan que un Serrat. Opté por el rock independiente y la música folk en español para lidiar con los síntomas de abstinencia, ahora no sé de cual dependa más.

Años después, conocí al mismo Fernando Delgadillo en el aeropuerto de la Ciudad de México y, todavía medio dormido, logré sacarme una foto con él con los ojos a medio cerrar; sin embargo, la trova no regresó esa noche. Fue hace unos días que, aburrido de tocar las mismas canciones, busqué la letra de una de mis canciones favoritas de la época, ‘Carta a Francia’. Era una canción para los tiempos de añoranza, de vulnerabilidad y necesidad, una canción para almas jóvenes con oídos viejos. Y así fue como resucitó la música de mi adolescencia, con más significado que nunca.

Delgadillo y yo

Porque la canción de la trova no es sólo música para serenatas casuales con letras rápidas y poco comprensibles, pero que suenan muy bonito. Es música de revolución, igualdad y unidad. Se dice que quien a los 30 no es conservador, no tiene cerebro, pero quien a los 20 no es liberal, no tiene corazón. La trova es la música de los corazones jóvenes y rebeldes. ¿Y qué si la revolución cubana no llevó nada? El mensaje de la trova es tan vigente en el siglo XXI como lo era en su época dorada. ¿Y qué si no soy rojo? No necesito ondear banderas con estrellas para comprender y combatir la necesidad humana, ni necesito estar de acuerdo para escuchar y aprender de la lucha constante de Silvio, ni ser un romántico empedernido para cantar a Delgadillo.

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